Una muralla de cinco kilómetros rodea el
conjunto de estancias que configuran el Palacio de Topkapi, en
Estambul. Desde aquí, y a lo largo de casi cuatrocientos años,
el sultán dirigirá un imperio cuyas fronteras llegarían, en el oeste,
a las puertas de Viena y, al este, más allá de la ciudad de Bagdad.
Las cocinas del palacio, con dimensión suficiente para prestar
servicio a los casi cinco mil residentes del palacio en su momento de
máximo esplendor, albergan alacenas repletas de fantásticas vajillas
chinas dinastía Ming.
Es, sin embargo, un "cubierto" la pieza de mayor valor, aunque, por su
preciada materia, se ubica en una sala distinta: el diamante Topkapi,
que, con forma de cuchara -pero sin mango- ocupa la quinta posición
entre los de mayor peso en el mundo, gracias a sus 84 quilates peso.